Glitch: la estética del error y la revolución del sonido
El glitch solo tiene una norma: no destruir el error sino reinventarlo. Bienvenido a la resistencia simbólica frente a la promesa de lo perfecto.
por Blanca Calero
Glitch: la estética del error y la revolución del sonido
Ese sonido que falla, cacofonía, cortes abruptos, golpes que respiran. Esa disonancia auditiva. Cambios de ritmo, estridencias... imposible concentrarse al escucharlo. Hiere la sensibilidad pero a la vez engancha. Entre sus zumbidos está escrita la contradicción. Es el error como posibilidad, el desacorde como forma de autenticidad. Impresentable, pero imprescindible en la experimentación, la novedad, en el cine y la banda sonora para crear ambientes perturbadores.
Para acompañar la lectura de este post, hemos preparado esta playlist. Feliz escucha.
Seguro que lo has escuchado, pero aun no lo sabes. O sí. Hablamos del glitch musical. Mira, escucha y lee cómo la implosión del sonido se vuelve manifestación. Descubre cómo la idea de lo pulido, lo perfecto, queda a veces desplazada por el caos sensorial.
¿Que de qué te estamos hablando?
Te presentamos una constante en artistas, grupos, estilos musicales que es símbolo de experimentación y ganas de innovación, y que han usado artistas desde The Beattles hasta Bowie. Porque la estética glitch no entiende de estilos. Aparece cuando el error se vuelve lenguaje o deja de ser algo puntual, excepcional. A partir de ahora, cuando escuches música, piensa entre líneas. Busca un chasquido que no arreglas y lo conviertes en transición. Una interrupción que se acepta como signo. ¿A que lo has oído antes?
Orígenes del ruido habitado
Innecesario decir que los orígenes de esta propuesta artística nacen de la electrónica experimental. Nadie lo dudaría. Pero mentiría en parte. Porque para comprender su recorrido hay que hacer un poco de zoom al pasado.
Pero vamos más allá. Digamos que si tenemos que encontrar la prehistoria del movimiento glitch, podemos remontarnos, por un lado a Pierre Schaeffer, ingeniero, músico y padre de la musique concrète, que grabó trenes, motores, golpes metálicos y fragmentos de cintas manipuladas. Por otro lado, a John Cage, músico experimental que hacía las delicias de los percusionistas allá por el 39. Qué no hubieran conseguido si hubiesen tenido software, procesamiento digital, mesas de mezclas, ...
En la cercanía contemporánea de los 90 descubrimos el IDM (intelligent Dance Music). Un estilo de música electrónica experimental caracterizado por composiciones complejas, ritmos innovadores y una experimentación sonora que se aleja de las estructuras de la música de baile convencional, fusionando elementos del ambient, techno y breakbeat.
Con raíces en Reino Unido y popularizado en el 93 a través de una lista de correo electrónico (si, lo has leído bien), se centra en la exploración sonora y las texturas únicas, con artistas destacados como como Aphex Twin o Autechre. Boards of Canada ya exploraban también en esa época el error técnico, el buffer truncado, el microcorte como espacio expresivo.
Estrellas en la constelación del error
Sin encorsetarnos en la electrónica experimental, encontramos en otros estilos errores hechos aciertos. Las grabaciones de The Beatles (I'm only sleeping, 1966 o Revolution 9, 1968, considerada su canción más rara. Por favor, escuchala junto con Revolution 1 si no quieres entrar en momento Naranja Mecánica) se inundan de numerosas cacofonías, errores de estilo, cintas reproducidas hacia atrás, que no hicieron más que ayudar a este grupo británico a crear su sonido.
Brian Eno (Here come the warm Jets, 1974) llevó la idea más lejos: el error de los sintetizadores, el hum de los amplis y las saturaciones de cinta pasaron a formar parte de la textura. Más tarde definiría el concepto de “accidente afortunado” (happy accident), base de toda la filosofía glitch: el fallo como ventana a lo imprevisto.
Artistas como David Bowie (The man who sold the world, 1970) o Laurie Anderson (O Superman, 1981) experimentaban constantemente con cacofonías auditivas que juntas formaban una música irreverente.
Markus Popp, conocido como Oval (Do While, 1996) tomó CDs rayados, los hizo saltar, distorsionar, colapsar… y grabó esos errores digitales. No los reparó: los editó como ritmo. Y así el click del error digital —por primera vez— se convirtió en estética.
De ahí se desprende todo lo que vendría: Autechre, Aphex Twin, The Glitch Mob, Fennesz, etc.
Si, es una genealogía dispersa, plural, infinita. Pero en esa dispersión, el glitch instala una pregunta: ¿qué sucede si dejamos de ver el error como fallo y lo tomamos como partícula de significado?
El caso The Glitch Mob: del beat underground al espectáculo
The Glitch Mob surge en Los Ángeles en 2006, dentro de la escena “beat” —esa veta underground híbrida entre hip hop, electrónica, bass—. Estaba formado originalmente por edIT (Edward Ma), Ooah (Josh Mayer) y Boreta (Justin Boreta), con miembros adicionales en sus inicios. Hubo otros integrantes tempranos: Kraddy fue miembro hasta 2009, cuando divergencias creativas lo llevaron a salir del grupo.
Aunque Boreta decidió apartarse en 2023, para concentrarse en proyectos personales, consiguieron ser más que una mera “banda de electrónica”. The Glitch Mob fue construyendo una identidad en vivo: no solo tocaban sus pistas, sino que las interpretaban como un set orgánico. En entrevistas cuentan que en sus inicios eran DJs con laptops, mezclando entre ellos, pero pronto quisieron “tocar juntos” y desarrollar improvisaciones mutuas. Para ello adoptaron controladores y herramientas como el Jazzmutant Lemur, inclinadas hacia el público para que pudieran ver qué hacían. En ese gesto ya se ve la voluntad: no esconder el error detrás del telón, sino mostrar la mecánica del ruido.
El disco Drink the Sea (2010), un paisaje oceánico de texturas digitalizadas, fragilidad y amplitud sonora, fue un punto de inflexión que puso al grupo en el mapa más allá del underground.
Hasta con su formato más "de estadio" mezclaron vocales, estructuras convencionales y agresividad rítmica en el disco Love Death Immortality (2014), álbum que debutó en el puesto 13 del Billboard 200 y lideró las listas de música electrónica/dance. No es casual que el nombre del disco combine tres palabras cargadas: amor, muerte, inmortalidad. Una tensión existencial en comunión con el gesto del glitch: aquello que se quiebra puede volverse carga simbólica.
No dejes de escuchar
El remix de Seven Nation Army
El remix que The Glitch Mob le hizo a Seven Nation Army (The White Stripes) es un punto donde lo popular y lo glitch se encuentran. No lo rehicieron con limpieza: lo abrieron, lo fragmentaron y lo replantaron convexo al propio ruido.
Revisions como lectura del propio glitch
En el disco Revisions, tomaron partes de su catálogo de conaciones, reordenadas, conectadolas y alteradolas. Es un acto de arqueología sonora: mirar el pasado como un archivo frágil y reescribirlo. Así, el error y la transformación conviven como capas del mismo cuerpo creativo.
The White Stripes
Revisions
Porque lo erróneo puede ser maravilloso
La belleza del glitch no es caos puro: es caos con hábito. Es diseño del desorden, implicación de sensores. Puede parecer descontrolado, pero reside un plan en su imprecisión. La maravilla está en ese equilibrio inestable. Y en un mundo que exige corrección, el glitch es revuelta. Es decir: nos libera del mandato de pulir y del algoritmo que exige “versión final”. Que se lo digan a The Beatles.
El movimiento glitch no es moda ni estratagema técnica. Es una constante que permite respirar en medio de la perfección, en medio de lo fracturado. En cada quiebre digital suena la esperanza de que lo erróneo puede sanar. Que el ruido puede traducirse en belleza. Que lo inacabado puede ser nuestra forma de eternidad. Y con eso nos quedamos.
Te guste o no, el error importa tanto como el acierto.
Funtes
Google Veo 3. (2025). Glitch. Versión actualizada del modelo Veo 3. Recuperado de https://aistudio.google.com/models/veo-3
The White Stripes. (s.f.). The White Stripes. Fotografía en Pantano, Stafford.
Myers, Mitch. (s.f.). Revisions. Portada realizada por Mitch Myers.
Aphex Twin. (1996). Richard D. James Album. WARP Records.
Arvesen, Ralph. (2014). The Glitch Mob performing at the Austin City Limits Music Festival, Austin, Texas. Fotografía de Ralph Arvesen.
The Beatles. (1966). Revolver. Portada diseñada por Klaus Voormann.
Bowie, David. (1970). The Man Who Sold the World. Portada realizada por Keith MacMillan. Philips Records.
Eno, Brian. (1974). Here Come the Warm Jets. Portada diseñada por Carol McNicoll.