Marcos Puhinger x UNODEUNO
Marcos Puhinger x UNODEUNO
Cuándo el trazo respira más que la fotografía
por TheUNO
Hay artistas que buscan la perfección. Otros buscan la verdad. Puhinger trabaja en el único lugar donde ambas cosas se encuentran: en la paciencia del trazo que insiste, en la mezcla improbable de colores, en la idea de que la técnica no es una cárcel, sino la forma más honesta de mirar.
Lejos de ser hiperrealismo es hiperobservación.
Mientras otros se apresuran a producir, él afina un gesto durante horas, porque lo que tiene delante más que un objeto es la oportunidad de decir algo sin levantar la voz. Quizás por eso mismo su trabajo encaja en un sistema como UNODEUNO: aquí no buscamos la estética heredada, sino la estética que te obliga a detenerte. Y Puhinger sin querer imponerse, te obliga a mirar.
P. ¿Crees que el hiperrealismo esta denostado por los propios artistas?
Puhinger: No creo que sea tanto el artista como la gente de la calle. El hiperrealismo, como me dijo una amiga, es la forma que tiene el artista de mirar. Aunque pongas la imagen al lado de la obra y parezca igual, siempre hay matices que nos interesa potenciar. Pero hay de todo. Hay a quien no le gusta el abstracto, el surrealismo,...
P. ¿Cómo empieza tu proceso de creación? ¿Qué te gusta más? ¿Qué te frustra?
Puhinger: "Yo soy pintor hiperrealista. Y el proceso no es solamente copiar una fotografía. El proceso empieza desde la concepción de la idea. Prepararlo, iluminarlo, hacer la fotografía, la edición lo que tú quieres resaltar o que quieres decir con ella...
P. ¿Cuándo decide que una imagen merece convertirse en obra?
Puhinger: “Yo me fío de mi gusto, de mi gusto por lo estético. (…) Cuando creo que he llegado a algo que puede ya no solo gustarme a mí, sino a alguien más y que puedo generar algo con ello, sensaciones... Una vez que está el boceto a lápiz ya no hay marcha atrás.”
P. Técnicamente tocas muchos palos, muchas técnicas.
Cuando trabajo con ciertos materiales, trabajo un estilo y cuando trabajo con otros materiales trabajo otro. Por ejemplo, a mí todo el rollo que tenga que ver con algo más pop, más urbano, más underground, me gusta trabajarlo con carboncillo, acrílico y sobre todo con el bolígrafo Bic. Pero el mar..."
P. Pintas con bolígrafo, y además de forma autodidácta, ¿cómo es?
Puhinger: "Es rozar el papel dejando una carga muy ligera de pintura. Es siempre una capa sobre otra. Y tienes una limitación de colores muy grande. Por ejemplo, No hay bolis que tengan una gama cromática de piel. Tienes que juntar, hacer una capa en magenta, una capa en azul... metes el amarillo, ya vas tirando al ocre. Si lo quieres oscurecer más, metes un poquito de marrón o metes un poquito de naranja".
P. ¿Qué significó para ti conectarte con UNODEUNO?
Puhinger: "Me gustó mucho la manera que tuvo de planteármelo. Me gustó mucho la filosofía de UNODEUNO. Cuando hablé con Néstor acabé de animarme. Fusionar al arte y moda. No es solamente ropa, complementos, relojes, no. Es también una galería de arte".
P. ¿Por qué elegiste al David?
Puhinger: "Miguel Ángel lo sacó de un trozo de piedra que no valía para nada. Que muchos escultores rechazaron porque tenía defectos y porque era muy estrecho. Esto le hizo forzar una postura que hoy es única. Quise además vandalizarlo un poco. Le puse la corona de laurel como signo de victoria. Y UNODEUNO lo veía en el centro, como el corazón de lago que está naciendo".
(Si quieres ver la entrevista completa, no te pierdas el podcast TheUNO Voice)
Su colaboración con UNODEUNO
El David que Puhinger creó para UNODEUNO no es un capricho ni un gesto de irreverencia gratuita. Es más como una tesis visual.
Representa muchas cosas, como las obras clásicas llanas de simbolismo, que decían mucho diciendo aparentemente poco. Puhinger quiso llevar la humanidad de la obra de Miguel Ángel al presente. Por eso lo ensombrece, lo tatúa, lo inscribe, lo mete en el lenguaje urbano y contemporáneo, lo llena de referencias que hablan de la marca, del tiempo, de la muerte y del orgullo de pertenecer.
El reloj de UNODEUNO en la muñeca, la corona de laurel, el gesto de creación, las golondrinas que traen noticias, la frase memento mori en el vientre, la abeja trabajadora como homenaje al equipo, la estética carboncillo que enlaza con la identidad visual de la marca.
La belleza clásica sigue viva, pero solo si permitimos que roce lo imperfecto, lo callejero, lo contemporáneo.
El artista autodidacta
Marcos Mínguez Puhinger (Vigo, 1976) aprendió a dibujar del modo en que se aprenden las obsesiones: garabateando libros, ilustrando mesas, repitiendo líneas, aferrándose a un bolígrafo como quien descubre un instrumento que no perdona. Su formación es autodidacta aunque su rigor no lo parece.
Trabajó años en la industria automovilística, pintando de noche mientras la mayoría dormía. Su salto al circuito profesional no fue planificado: alguien vio un dibujo suyo, preguntó “¿Esto es una foto o un dibujo?” y lo demás ocurrieron en cadena. Desde entonces, ha expuesto, ha vendido, ha llenado paredes donde antes solo había espacio y ha construido una voz visual reconocible sin necesidad de firma.
Hiperrealista, sí. Pero solo en apariencia. Lo suyo no es copiar lo que ve: es insistir en lo que otros pasan por alto.
Cuando Puhinger habla de arte, no se refugia en discursos ni en solemnidades. Habla de trabajo, de capas, de mezcla, de observar. Eso fue lo que conectó con UNODEUNO desde el primer minuto: la idea de que la estética no es un envoltorio, sino una consecuencia. Y que los resultados vienen cuando se trabaja, y mucho, en equipo y coordinados, como una colmena. Se mueve uno, se mueven todos. Eso es UNODEUNO.